Susana Harp Iturribarría (Oaxaca de Juárez, 8 de abril de 1968) es una cantante mexicana de música tradicional y legisladora. Ha dedicado su carrera a investigar, grabar e interpretar el cancionero oaxaqueño y mexicano en español y en lenguas originarias. Fue senadora de la República por Oaxaca (2018–2024) y presidenta de la Comisión de Cultura del Senado; desde septiembre de 2024 continúa en el Senado por lista nacional.
Familia y formación
Nació en la ciudad de Oaxaca. Su padre, Antonio Harp Abud, proviene de una familia de migrantes libaneses asentados en México; su madre, Alicia Iturribarría Bolaños, es oaxaqueña. Creció en un entorno ligado a la vida cultural y política del estado. El gusto por la música le fue inculcado en casa, en particular por su abuelo Jorge Fernando Iturribarría, historiador y hombre de letras. Desde joven participó en labores comunitarias y conoció de cerca el tequio y la diversidad cultural del interior de Oaxaca.
Estudió la licenciatura en Psicología en Oaxaca. A los 22 años se trasladó a la Ciudad de México —donde recibió un reconocimiento nacional por su promedio universitario— y continuó estudios de canto, una especialidad en Psicoterapia Gestalt y una maestría en Programación Neurolingüística. Esa formación humanística —escucha, lenguaje, emoción— atraviesa su manera de aproximarse al repertorio tradicional: no como curiosidad folclórica, sino como archivo vivo de identidades.
Carrera artística
En 1996 grabó su primer disco, Xquenda («alma» en zapoteco), con canciones representativas de Oaxaca, varias poco difundidas, en zapoteco, náhuatl, mixe y español. El proyecto —arqueológico y musical a la vez— marcó el rumbo de su trayectoria: investigación de archivos sonoros, rescate de repertorios y difusión de lenguas originarias. A la fecha ha publicado una onceava de producciones, entre ellas Béele Crúu, Mi tierra, Arriba del cielo, Ahora, Fandangos de ébano, De jolgorios y velorios, Mi tierra II, Mexicanísima, Aguadiosa y Misterios gozosos.
Canta en español y en varias lenguas indígenas mexicanas. Se ha presentado en foros como la Sala Nezahualcóyotl y el Palacio de Bellas Artes, así como en giras por Estados Unidos, Europa y América Latina, representando a México y, de manera explícita, a Oaxaca. Su repertorio abarca sones, chilenas, boleros, corridos, música afromestiza de la Costa Chica y piezas históricas. Mexicanísima recorre momentos de la historia patria a través del cancionero; Fandangos de ébano visibiliza sonoridades afromexicanas durante años poco escuchadas en circuitos comerciales; De jolgorios y velorios explora la tensión entre fiesta y duelo en la tradición popular.
Asociación Xquenda y trabajo social
Paralelamente fundó la Asociación Cultural Xquenda, A.C., con la que ha apoyado proyectos educativos y culturales, entre ellos el Centro de Capacitación Musical y Desarrollo de la Cultura Mixe (CECAM) en Santa María Tlahuitoltepec. Esa labor —conciertos benéficos, producciones discográficas solidarias, acompañamiento a bandas infantiles y juveniles— extiende su perfil de intérprete hacia el de gestora cultural. Desde los dieciséis años había colaborado en comunidades indígenas del estado; esa experiencia temprana, ha dicho, le abrió los ojos al «Oaxaca profundo».
Trayectoria política
Afiliada a Morena, fue electa senadora por Oaxaca para las legislaturas LXIV y LXV (2018–2024) y presidió la Comisión de Cultura. Impulsó iniciativas relacionadas con el reconocimiento constitucional del pueblo afromexicano —publicado en el Diario Oficial de la Federación el 9 de agosto de 2019—, la salvaguardia de elementos culturales, reformas en materia de derechos de autor sobre expresiones de culturas populares (2020) y proyectos vinculados al libro y las bibliotecas. En 2022 contendió en el proceso interno de su partido rumbo a la gubernatura de Oaxaca. En 2024 asumió de nuevo una senaduría por lista nacional.
Legado
Susana Harp ha sostenido durante más de dos décadas un puente entre el escenario y la legislación cultural: cantar el archivo vivo de Oaxaca y, al mismo tiempo, empujar normas que protejan lenguas, tradiciones y creadores. En el panorama de la música tradicional mexicana contemporánea comparte con artistas como Lila Downs la vocación de llevar las raíces oaxaqueñas a públicos amplios, cada una con un sello propio: ella, más centrada en la investigación del cancionero, la gestión cultural y la incidencia legislativa. Su discografía y su trabajo en el Senado forman parte de una misma apuesta: que la cultura de los pueblos no sea ornamento, sino derecho.
En entrevistas y en su propio sitio oficial ha insistido en que cantar en lenguas originarias no es un gesto ornamental, sino un acto de memoria y de justicia simbólica. Cada disco funciona, en su visión, como una bitácora de investigación: partituras olvidadas, corridos de archivo, sones de la Costa y del Istmo, nanas y fandangos. Esa vocación de «detective musical» —como la han llamado cronistas— la acerca a una tradición de intérpretes-investigadoras que, en México, han sostenido el cancionero más allá de la industria del éxito efímero. Oaxaca reconoce en ella a una embajadora cultural que, desde el hemiciclo o desde el escenario, no deja de nombrar a su tierra.




