Centro de Juchitán de Zaragoza, ciudad natal de Víctor de la Cruz

Víctor de la Cruz

Víctor de la Cruz Pérez (Juchitán, Oaxaca, 26 de octubre de 1948 – 9 de septiembre de 2015) fue poeta, ensayista, traductor e investigador binnizá. Escribió en zapoteco y español; fundó la revista bilingüe Guchachi’ Reza («Iguana rajada»), impulsó el estudio de la etnohistoria istmeña y fue miembro correspondiente de la Academia Mexicana de la Lengua. Su figura resume la generación que profesionalizó la literatura y la investigación en lenguas originarias de Oaxaca.

Familia y formación

Nació en Juchitán de Zaragoza el 26 de octubre de 1948. Estudió Derecho en la Facultad de Derecho de la UNAM, donde se graduó en 1973; más tarde obtuvo la maestría y el doctorado en Estudios Mesoamericanos por la Facultad de Filosofía y Letras de la misma universidad. Fue Investigador Nacional (Nivel I) del Sistema Nacional de Investigadores. Sus líneas de trabajo abarcaron etnohistoria, epigrafía y análisis de fuentes; se ocupó de rescatar historia y poesía de las culturas del Istmo y de la zona mixteca.

Docencia e instituciones

Entre 1974 y 1979 enseñó Filosofía, Historia y Redacción en el Instituto Tecnológico del Istmo. Fue profesor en el programa de formación de etnolingüistas del Centro de Investigaciones Superiores del INAH (1979-1980), en la licenciatura en Antropología de la ENAH en Oaxaca (1990) y en la maestría en Literatura Mexicana del Instituto de Investigaciones en Humanidades de la UABJO. Asesoró al Centro de Investigación y Desarrollo Binnizá y al CIESAS-Oaxaca. Dirigió la Casa de la Cultura de Juchitán y coordinó Cultura y Recreación en el estado de Chiapas; allí fundó también la revista Cantera.

Guchachi’ Reza y la poesía

En 1974 fundó y dirigió Guchachi’ Reza, revista bilingüe que se volvió referente del renacimiento literario zapoteco contemporáneo: espacio para poemas, ensayos, corridos y debate cultural istmeño. Colaboró en La Palabra y el Hombre, Blanco Móvil y suplementos como «La Cultura en México».

Su poesía —a veces bilingüe— combina tono elegíaco y denuncia social. Publicó Primera voz (1968), Dos que tres poemas y Cuatro elegías (1979), En torno a las islas del mar océano (1983), Cuando tú te hayas ido (1985), Jardín de cactus (1991) y Diidxa’ guie’ (INALI, 2006). Con ilustraciones de Francisco Toledo aparecieron Los niños juegan a la ronda (1974) y Dxi yegapa gueu’ saa Bixhahui / Coyote va a la fiesta de Chihuitán (1983). Antologó la tradición en Guie’ sti’ diidxazá. La flor de la palabra (UNAM, 1999). Sus poemas se han traducido al inglés, francés, italiano y alemán; figura en Words of the True Peoples (University of Texas Press, 2005).

Ensayo e historia

Como historiador y ensayista escribió Las guerras entre aztecas y zapotecas, La rebelión de Che Gorio Melendre (1983), El general Charis y la pacificación del México posrevolucionario (CIESAS, 1993) —sobre Heliodoro Charis Castro—, El pensamiento de los binnigula’sa’: cosmovisión, religión y calendario (2007) y Mapas genealógicos del istmo oaxaqueño (2008). Recopiló Canciones zapotecas de Tehuantepec y Corridos del Istmo; se interesó por biografías de personajes indígenas y por la validez del derecho en contextos comunitarios (El problema de la validez del Derecho, 1973).

Premios y Academia

Recibió el Premio Nacional de Ensayo para el Magisterio (1986), el Premio Casa Chata (1992 y 1997), el Premio Nezahualcóyotl de Literatura en Lenguas Mexicanas (1993), un reconocimiento del Conacyt al mérito en investigación científica (1995) y el Premio Francisco Javier Clavijero (2003). El 25 de agosto de 2011 fue electo miembro correspondiente de la Academia Mexicana de la Lengua por Oaxaca; leyó su discurso de ingreso, «Las literaturas indígenas mexicanas», el 28 de agosto de 2012.

Final de su vida y legado

Murió en Juchitán el 9 de septiembre de 2015. Dejó más de medio centenar de artículos y una obra que une poesía, archivo y militancia cultural. Para Oaxaca, Víctor de la Cruz es el intelectual que demostró que el diidxazá no solo canta en la fiesta: investiga, discute en la Academia y sostiene revistas. Guchachi’ Reza y La flor de la palabra siguen siendo puertas de entrada a la literatura binnizá contemporánea. Su diálogo con Toledo —quien ilustró varios de sus libros— y su recuperación de figuras como Charis lo sitúan en la red de creadores e historiadores que han pensado el Istmo desde adentro y con rigor.

Su ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua no fue un adorno curricular: fue un gesto político de reconocimiento a las literaturas indígenas como parte del debate nacional sobre la lengua. En el discurso de 2012 insistió en que esas literaturas no son «menores» ni folklóricas, sino sistemas estéticos y de pensamiento. Ese argumento —sostenido en décadas de revista, archivo y verso— resume el sentido de su vida pública: poner el diidxazá en el centro, sin pedir permiso.

Para las nuevas generaciones de escritores en lenguas originarias, su ejemplo —el del poeta que también investiga y edita— sigue siendo un modelo de profesionalización cultural desde el Istmo.