Calle en el distrito de Etla, región natal de Filemón Santiago

Filemón Santiago

Filemón Santiago Avendaño (San José Sosola, Etla, Oaxaca, 8 de marzo de 1958) es un pintor e impresor mexicano, integrante de la generación formada en el Taller Rufino Tamayo de Oaxaca. Su lenguaje —paisajes, figuras simbólicas, religiosidad popular y ecos de la gran ciudad— se forjó entre la Mixteca-Etla, Chicago y el regreso a la capital oaxaqueña, y lo sitúa entre los creadores más personales de la llamada Escuela Oaxaqueña de Pintura.

Familia y primeros años

Nació el 8 de marzo de 1958 en San José Sosola, comunidad del distrito de Etla. Dejó el pueblo siendo joven para vivir en la ciudad de Oaxaca con un hermano; trabajó en un restaurante y en una tienda de artesanías de la calle de Macedonio Alcalá, en pleno centro histórico. Allí lo rodearon juguetes regionales, máscaras y arte popular, estímulos que alimentaron una inclinación temprana hacia lo abstracto y lo simbólico. Esa infancia entre objetos rituales y mercancía turística dejó huella en la iconografía que más tarde lo haría inconfundible.

Formación

En 1973 ingresó a la sección de Artes Plásticas de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. De 1974 a 1979 estudió en el Taller de Artes Plásticas Rufino Tamayo, dirigido por Roberto Donis, junto a compañeros como Cecilio Sánchez, Ariel Mendoza y Felipe de Jesús Morales. El taller —impulsado bajo la sombra tutelar de Rufino Tamayo— fue cuna de una nueva promoción de pintores oaxaqueños. Filemón comenzó a exponer individualmente hacia 1978 y en colectivas desde 1980.

Chicago y madurez

A los veinte años partió a Chicago, donde permaneció unos doce a quince años (aproximadamente 1978-1992). En esa ciudad descubrió a los maestros de la pintura estadounidense y europea, afinó la técnica e incorporó motivos urbanos: máquinas, herramientas, personajes renovados. En 1980 obtuvo el Premio Logan del Chicago & Vicinity Show del Art Institute of Chicago, reconocimiento temprano que consolidó su carrera en Estados Unidos. Expuso en galerías de Chicago y Nueva York; su obra ingresó a colecciones del Art Institute of Chicago, el Museo de Arte Moderno Latinoamericano de Washington, el Museo del Estado de Illinois y la Biblioteca Harold Washington.

En 1992 regresó a Oaxaca —con una interrupción hacia 1994 por un viaje prolongado a Europa— y desarrolló una pintura más colorida y robusta, cerrando la iconografía que lo caracteriza. En 1995 recibió el Premio MARCO del Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey e impartió un curso de pintura en Holanda. Ha expuesto en Canadá, Japón, diversas ciudades de Estados Unidos y México; su obra figura también en el Museo de Punta del Este (Uruguay) y en colecciones privadas. En 2010, MARCO presentó la retrospectiva Simplicidad compasiva; años después, el Museo de los Pintores Oaxaqueños reunió 39 obras tras más de dos décadas sin una muestra amplia en Oaxaca.

Obra y estilo

La crítica suele señalar Huyendo con el milagro como cuadro-síntesis de su universo: una mujer huye por la calleja de un pueblo cargando un Cristo casi vivo, de expresión intensa. Otras series y muestras —La razón del sentimiento (MACO, 1999), El éxtasis en el serrallo— revelan un diálogo entre paisaje local y memoria de la gran ciudad, entre religiosidad popular y modernidad. No ilustra costumbres de manera literal: transforma mitos, sueños y objetos cotidianos en escenas de atmósfera onírica y composición segura. El color, tras el regreso de Chicago, se vuelve más denso; las figuras adquieren un peso casi escultórico sobre fondos que evocan tanto el valle de Etla como la tipografía visual de la metrópoli estadounidense.

Legado

Filemón Santiago representa la vía del pintor oaxaqueño que se forma en el Tamayo, se confronta con el arte internacional en Chicago y regresa para pintar desde Oaxaca sin provincianismo. Su trayectoria —premio Logan, Premio MARCO, presencia en museos de tres continentes— confirma que la generación del taller de Donis no fue un episodio local, sino una escuela de alcance global. Sigue trabajando en Oaxaca, fiel a una pintura que huye con el milagro y regresa con la experiencia, y que dialoga con la de Maximino Javier, Alejandro Santiago y otros egresados del mismo taller sin confundirse con ellos.

Quienes lo han tratado destacan la disciplina de su taller y la coherencia de un imaginario que no se diluye en modas. En Oaxaca, tras años de exponer más fuera que dentro, su reaparición en el MUPO y en colecciones locales permitió a nuevas generaciones conocer de cerca una pintura que Chicago había reconocido temprano. Filemón Santiago demuestra que la Escuela Oaxaqueña no es una etiqueta homogénea, sino un haz de caminos personales —el suyo, el del milagro que huye y no se deja atrapar por el folklore.

En la genealogía de los talleres oaxaqueños, su nombre aparece junto al de Maximino Javier y otros egresados del Tamayo que llevaron la pintura del estado a circuitos estadounidenses. El premio Logan de 1980 sigue siendo un hito temprano de esa diáspora creativa.