Museo Textil de Oaxaca, uno de los proyectos de la Fundación Alfredo Harp Helú

Alfredo Harp Helú

Alfredo Harp Helú (Ciudad de México, 11 de marzo de 1944) es empresario, contador público, filántropo y promotor del béisbol. Aunque nació en la capital del país, su vínculo con Oaxaca —donde reside y donde concentra buena parte de su obra cultural a través de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca— lo ha convertido en una de las figuras contemporáneas más influyentes en la vida museística, educativa y deportiva del estado.

Familia y formación

Hijo de Alfredo Harp Abud y Suhad Helú, creció en la Ciudad de México. A los once años vendía suscripciones del periódico Excélsior. Cursó la primaria y la secundaria en el Colegio Cristóbal Colón, de los hermanos lasallistas. Estudió en la Facultad de Comercio y Administración de la UNAM, donde se graduó como contador público. Su primer empleo profesional fue en el despacho Price Waterhouse; pronto se incorporó al medio bursátil.

Está casado con María Isabel Grañén Porrúa, doctora en Historia del Arte, directora de la Biblioteca Francisco de Burgoa y presidenta de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca. De su primer matrimonio con Silvia Calderoni Guerrero nacieron Alfredo, Sissi y Charbel Harp Calderoni; con Grañén Porrúa, Santiago y María Isabel Harp Grañén.

Carrera financiera

En 1971 cofundó, junto con Roberto Hernández Ramírez, la casa de bolsa Acciones y Valores de México (Accival), que desde sus inicios ocupó primeros lugares en volumen operado en la Bolsa Mexicana de Valores. Presidió la propia Bolsa (1988-1990) y organismos ligados al mercado de capitales. En 1991, con Hernández Ramírez y un grupo de inversionistas, adquirió el Banco Nacional de México (Banamex) y conformó el Grupo Financiero Banamex Accival. Tras la venta de Banamex a Citigroup en 2001, orientó la mayor parte de su tiempo a la filantropía y al deporte. Más tarde consolidó el control de Grupo Martí (Sport City y artículos deportivos). Su lema empresarial —«la mejor inversión está en México»— resume una apuesta reiterada por el mercado interno.

Filantropía y Oaxaca

Desde 1990 impulsó obras filantrópicas; a partir de 2000 las agrupó en la fundación que lleva su nombre, con programas en educación, cultura, salud, medio ambiente, asistencia social, proyectos productivos y deporte. En Oaxaca, la FAHHO ha sido determinante en la creación o consolidación de instituciones: Museo de Filatelia de Oaxaca (MUFI), Museo Textil de Oaxaca, Biblioteca de Investigación Juan de Córdova, Biblioteca Andrés Henestrosa, Casa de la Ciudad, Instituto de Órganos Históricos de Oaxaca, ADABI de México (Apoyo al Desarrollo de Archivos y Bibliotecas), bibliotecas infantiles y el Centro Cultural San Pablo, en el exconvento recuperado del mismo nombre.

La fundación ha apoyado la restauración de templos y exconventos —entre ellos intervenciones vinculadas a Santo Domingo, San Jerónimo Tlacochahuaya y la capilla abierta de Teposcolula—, becas artísticas, festivales, viveros y, tras los sismos de septiembre de 2017, un programa de reconstrucción al que destinó más de 700 millones de pesos. En educación y lectura destacan bibliotecas móviles y apoyos a universidades e infraestructura escolar.

Béisbol

Apasionado del béisbol, en 1994 adquirió los Diablos Rojos del México y desde 1996 es propietario de los Guerreros de Oaxaca, ambos en la Liga Mexicana de Béisbol. En 2004 fundó en Oaxaca la Academia de Béisbol de Alto Rendimiento Alfredo Harp Helú, para jóvenes de 14 a 17 años, con un modelo que combina formación deportiva y educación formal. Desde 2012 es accionista de los Padres de San Diego, con lo que se convirtió en el primer empresario mexicano en invertir en un club de Grandes Ligas. En 2019 inauguró el Estadio Alfredo Harp Helú en la Ciudad de México y impulsó el Salón de la Fama del Béisbol Mexicano en Monterrey. Publicó la autobiografía Vivir y morir jugando béisbol (2003), donde usa el juego como metáfora de la vida: «En la vida no hay retiro a tiempo, debemos permanecer en el campo de juego hasta que llegue el final».

Legado

Alfredo Harp Helú ha transformado el paisaje cultural de Oaxaca con museos, bibliotecas y archivos que dialogan con el legado de creadores como Francisco Toledo y Andrés Henestrosa. Su aporte no es el del artista, sino el del mecenas contemporáneo que articula capital, deporte y patrimonio. Para el estado, su residencia y su fundación significan una red institucional —del MUFI al San Pablo— que da continuidad a la vocación oaxaqueña de convertir la cultura en bien público.

Primo de Carlos Slim Helú por el lado materno, construyó sin embargo su fortuna por una vía distinta —la bolsa y la banca— y ha insistido en separar la filantropía de la mera imagen pública. En Oaxaca, la densidad de instituciones que lleva su nombre o el de su fundación hace imposible hablar de la vida cultural contemporánea del estado sin mencionarlo. Ese peso institucional es, a la vez, oportunidad y responsabilidad: la de sostener museos y bibliotecas cuando pasen las coyunturas políticas.