María Sabina

María Sabina, la Reina de los Hongos

María Sabina Magdalena García (1894-1985) fue una curandera y sabia mazateca de la Sierra Mazateca de Oaxaca. Durante décadas atendió a enfermos de su comunidad en veladas nocturnas en las que, con cantos y rezos en lengua mazateca, ingería hongos psilocibios a los que llamaba «niños santos». A mediados del siglo XX su nombre dio la vuelta al mundo, y desde entonces su figura vive entre la tradición indígena que representó y el mito que se construyó a su alrededor.

Infancia en la Sierra Mazateca

Nació en Huautla de Jiménez, en el norte de Oaxaca. Ella misma decía no conocer su edad exacta; la fecha que suele darse es el 22 de julio de 1894, día de Santa María Magdalena. Fue hija de María Concepción y de Crisanto Feliciano, un campesino que murió cuando ella tenía unos tres años. Su madre se mudó entonces con María Sabina y su hermana menor, María Ana, a la casa de los abuelos maternos, Manuel Cosme y María Estefanía, que criaban gusanos de seda y sembraban la milpa.

Creció en una pobreza extrema, sin ir a la escuela y trabajando desde pequeña en el campo y en el cuidado de los animales. Nunca aprendió a leer ni a escribir, y toda su vida habló únicamente mazateco.

Los primeros encuentros con los «niños santos»

Entre los cinco y los siete años presenció en su casa una velada, una ceremonia con hongos para curar a un tío enfermo. Poco después, mientras cuidaba a los animales en el cerro, encontró hongos parecidos a los de aquella ceremonia y los comió junto con su hermana. Fue su primera experiencia con los hongos, a la que siguieron otras durante su niñez. En el relato que dictó al escritor Álvaro Estrada —publicado como Vida de María Sabina, la sabia de los hongos— afirmó proceder de una línea de «hombres sabios» (chotá-a t chi-née) que practicaban el rito de los hongos, aunque no recibió una instrucción formal de ellos, aseguraba que lo aprendió todo de los propios hongos.

Matrimonios y viudez

A los 14 años la casaron con Serapio Martínez, con quien tuvo tres hijos. Él se unió a las fuerzas revolucionarias, regresó un par de años después y murió hacia 1914, cuando ella tenía unos 20 años. Durante sus años de viudez trabajó para mantener a sus hijos y se abstuvo de los hongos, pues en la tradición mazateca quien oficia las veladas debe guardar la abstinencia sexual.

Años más tarde se casó con Marcial Carrera, un hombre mayor que la maltrataba. Con él tuvo varios hijos más, aunque la mayoría murieron pequeños. El matrimonio terminó con la muerte violenta de Marcial, tras la cual María Sabina quedó viuda por segunda vez. En esas circunstancias se consolidó su vocación de curandera, apoyada en los «niños santos» y en cantos en lengua mazateca.

María Sabina, la sabia de las veladas

Sus veladas se hacían de noche, en la oscuridad y en silencio, ante un pequeño altar con imágenes católicas. María Sabina, el enfermo y sus familiares comían los hongos psilocibios, y durante horas ella cantaba, rezaba y hablaba en mazateco para encontrar el origen del mal y pedir la curación. En su práctica se mezclaban la tradición indígena y la devoción cristiana: se refería a los hongos como la sangre de Cristo y decía leer en sus visiones un gran libro de sabiduría.

No cobraba una tarifa: recibía lo que cada familia pudiera darle. Su prestigio en la región creció por las curaciones que se le atribuían y por episodios que la comunidad interpretó como de clarividencia, entre ellos la predicción de la muerte del exalcalde Erasto Pineda.

Robert Gordon Wasson y la fama mundial

En 1955 llegó a Huautla el banquero estadounidense y micólogo aficionado Robert Gordon Wasson, que llevaba años estudiando el papel de los hongos en distintas culturas. Con la intermediación de autoridades locales, María Sabina aceptó que participara en una velada. Wasson grabó sus cantos y tomó fotografías; en 1957 publicó en la revista Life un extenso reportaje sobre la experiencia, sin dar el nombre real de la curandera, aunque no tardó en conocerse. Ese mismo año apareció el disco Mushroom Ceremony of the Mazatec Indians of Mexico, con grabaciones de sus cantos.

A partir de muestras recogidas en la región, el químico suizo Albert Hofmann aisló la psilocibina, el principio activo de los hongos. En 1962 viajó a Huautla con Wasson y le ofreció a María Sabina unas pastillas del compuesto sintético; ella participó en una velada con ellas y comentó que tenían la misma fuerza que los hongos.

El costo de la fama

El reportaje de Life y, años después, el auge de la contracultura llevaron a Huautla a miles de visitantes, entre investigadores, artistas y jóvenes que buscaban una experiencia psicodélica. El auge de visitantes —mexicanos y extranjeros— transformó la vida de Huautla y la de Sabina, quien obtuvo cierta estabilidad económica. María Sabina fue acusada por parte de su comunidad de revelar el secreto a los extranjeros; su casa fue incendiada, uno de sus hijos fue asesinado y en algún momento fue detenida brevemente por la policía, que la acusaba de vender drogas.

Al final de su vida dijo arrepentirse de haber compartido la ceremonia. Lamentaba que los forasteros buscaran diversión y no curación, y aseguraba que los «niños santos» habían perdido su fuerza por el uso irrespetuoso. También se quejó de que sus cantos se hubieran grabado y difundido sin que ella lo hubiera autorizado.

María Sabina fue analfabeta, su voz quedó documentada en el disco Mushroom Ceremony of the Mazatec Indians of Mexico (grabaciones de V. P. y R. G. Wasson, 1956) y en el libro de Álvaro Estrada, título sugerido por Octavio Paz y Arnaldo Orfila. Sus cantos han sido citados o muestreados por músicos como Jorge Reyes, Deep Forest, Héroes del Silencio y Natalia Lafourcade; el grupo Santa Sabina tomó su nombre en homenaje, y El Tri le dedicó una canción. Un patio del Museo Nacional de Culturas Populares lleva su nombre.

Últimos años y muerte

A pesar de su fama, vivió siempre en la pobreza. En 1977 el escritor mazateco Álvaro Estrada publicó Vida de María Sabina, la sabia de los hongos (Siglo XXI), una autobiografía oral basada en sus conversaciones con ella, que se convirtió en la principal fuente sobre su vida. María Sabina murió en Huautla de Jiménez el 23 de noviembre de 1985, a los 91 años.

Legado

Hoy María Sabina es un símbolo de la sabiduría indígena mazateca y una de las mujeres oaxaqueñas más conocidas fuera de México. Aunque fue analfabeta, su voz quedó documentada en el disco Mushroom Ceremony of the Mazatec Indians of Mexico (grabaciones de V. P. y R. G. Wasson, 1956) y en el libro de Álvaro Estrada, título sugerido por Octavio Paz y Arnaldo Orfila. Sus cantos han sido citados o muestreados por músicos como Jorge Reyes, Deep Forest, Héroes del Silencio y Natalia Lafourcade; el grupo Santa Sabina tomó su nombre en homenaje, y El Tri le dedicó una canción. Un patio del Museo Nacional de Culturas Populares lleva su nombre.

En Huautla su imagen está por todas partes, en murales, tiendas y recuerdos, y el pueblo recibe a visitantes atraídos por su historia. Esa popularidad convive con una tensión que ella misma señaló en vida: la de una tradición sagrada convertida en mercancía. Recordar a María Sabina es también reconocer a la comunidad mazateca que conserva el saber de las veladas como algo propio y no como un espectáculo.

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